Activación óptima

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Activación óptima No todas las personas son capaces de afrontar con éxito la presión que generan los deportes de competición, se puede producir una disminución del rendimiento, desgaste mental y físico, incluso desgaste profesional. Existen diferentes formas de hacer frente a la presión del deporte, según la persona y la situación.

Estos deportistas de deportes de competición o de élite necesitan aprender a controlar la activación, además deben tener la capacidad para aumentarla o disminuirla según necesiten para el desarrollo del rendimiento adecuado, es decir, alcanzar el nivel de activación óptima, esta está relacionada con la intensidad de la motivación en momentos determinados, ésta es distinta para cada persona y situación. La activación es un fenómeno multifacético que incluye la activación fisiológica y la interpretación del deportista de dicha activación. La combinación óptima e estas emociones, es la adecuada para lograr el mejor rendimiento.

Podemos definirla como “la intensidad de motivación adecuada o ideal para alcanzar el rendimiento optimo deportivo, al afrontar determinadas situaciones estresantes que se dan en la práctica o competencia de una determinada actividad deportiva”. Así los preparadores y entrenadores en pro de la búsqueda del mejor Rendimiento Deportivo, individual y grupal de nuestros deportistas, deben ayudar al deportista a identificar y alcanzar su zona individual de funcionamiento óptimo (Hanin, 1980, 1986, 1997). Además hay que tener en cuenta las diferencias individuales entre los deportistas, el nivel óptimo activación de cada uno es diferente aún participando en la misma actividad, y que los niveles de activación óptima de una misma persona son distintos según qué actividad desarrolle. El primer paso es reconocer los estados de angustia y activación, y después utilizar las técnicas o estrategias adecuadas para regularlas.

El aumento de la activación y angustia estado influye en el rendimiento, provoca un aumento de la tensión muscular, fatiga muscular, interfiriendo y dificultando la coordinación, contribuyendo a que el rendimiento sea menor. Además modifica la atención, la concentración y localización visual, reducen el foco de atención del individuo disminuyendo la capacidad de examinar visualmente en entorno, provocando un cambio en la atención, interfiriendo en ésta estímulos o aspectos irrelevantes para el desarrollo de la tarea o actividad. No focalizamos la atención, disminuyendo la concentración aumentando la preocupación. Al igual una escasa activación, produce un campo de atención demasiado disperso que no favorece la concentración.

El primer paso para poder controlar los niveles de activación es tener mayor conocimiento de estas situaciones que provocan estrés o angustia durante la práctica o la competición… el temor a las lesiones, la disminución del rendimiento, las expectativas de otros, presión ambiental del público, distraciones externas, situaciones críticas dentro de la competencia…, como interpretan y perciben estas situaciones y como las afrontan. Aquellos deportistas que perciben estos estados de angustia como facilitadores, no solo tienen un mejor desempeño sino que además utilizan estrategias de afrontamiento con más eficacia. Se trata de saber obtener información de estas situaciones de angustia y activación, así es necesario recordar y analizar internamente que momentos los deportistas tuvieron un buen rendimiento y cuáles fueron las peores actuaciones y recordar que emociones, pensamientos o sentimientos identificamos con esos momentos o situaciones. Además realizar una “lista control de los estados de rendimiento”, después de cada práctica o competencia para establecer una relación entre el nivel rendimiento y el estado psicológico en cada momento.

Es importante integrar en la práctica nuestros conocimientos sobre el manejo y control de la activación, ¿cómo?...identificar la combinación optima de emociones relacionadas con la activación para el mejor rendimiento, que factores personales y situacionales influyen sobre la activación, conocer los signos de aumento de la activación, adecuar los programas y estrategias de entrenamiento a las necesidades individuales y desarrollar la confianza de los deportistas para ayudarlos a afrontar el aumento del estrés y la angustia.

La autoconfianza y el aumento de la percepción control son fundamentales para interpretar la activación como un factor positivo, favorecer la confianza son promover un ambiente positivo y transmitir una orientación positiva y productiva frente al error y la derrota. Usar estos errores como una herramienta de aprendizaje y desarrollo más productivo, para lograr el éxito. Entrenamientos simulados, incluyendo tareas con un grado de intensidad y presión muy cercanas a la competición, para familiarizarse con esas situaciones, adquirir confianza y mejorar la seguridad en sí mismos, además de las estrategias de ejecución adecuadas. Las técnicas usadas son, visualización, dialogo interior positivo, restructuración cognitiva y relajación, fijación de objetivos individuales y grupales (sin concentrarnos exclusivamente en ganar), puede ayudar a mantener elevado el nivel de activación. Tener una charla preparatoria, a menudo no se consigue la activación de todos por igual, así que a veces es mejor usar de forma individual se llega mejor al deportista, por lo que se sugiere una vez realizada la charla grupal, actuar sobre aquellos jugadores que son más difíciles de activar (más distraídos, que necesitan más motivación…)